Todos habremos escuchado en algún momento una canción que nos encanta y no nos la podemos sacar de la cabeza, o habremos alzado la vista al cielo y contemplado las estrellas atónitos por la inmensidad del universo, o contemplado fascinados la belleza de nuestro actor/actriz favorito. Sin embargo, es probable que nunca hayamos pensado que estas tres cosas tuviesen un factor común que podría caracterizarlas: las matemáticas.

Lo que a día de hoy aún no se sabe, es si las matemáticas han sido una invención humana o uno de los mayores descubrimientos de la historia. Gracias a ellas hemos conseguido los mayores avances tecnológicos de la historia de la humanidad, como las misiones espaciales o las comunicaciones móviles. Sin embargo, en contra posición a lo que mucha gente cree, las matemáticas no están presentes únicamente en el sector científico y tecnológico, sino que están presentes en todas las cosas de nuestro día a día.

Si nos dedicásemos a hacer colección margaritas y las ordenásemos según el número de pétalos, obtendríamos que el número de pétalos varía entre unas y otras de la siguiente forma: 13, 21, 34, 55, 89… Aunque aparentemente sea una sucesión de números aleatorios, estos números son parte de lo que se conoce como “Secuencia de Fibonacci”. En la secuencia de Fibonacci, cada elemento de la sucesión es la suma de los dos elementos anteriores.

Aunque parezca fruto de la casualidad, esta sucesión está presente en multitud de elementos de la naturaleza, como por ejemplo el número de espirales que pueden verse en distintas variedades de flores y frutos. Si seguimos las espirales que se dibujan en frutos como piñas o en las pipas dispuestas en un girasol, el número de espirales en cada sentido son numeros consecutivos dedicha sucesión. Es más, si pidiésemos a un astrónomo que dibujase la forma de una galaxia, veríamos que se corresponde con la espiral de Fibonacci, obtenida de la sucesión con la que comparte nombre.

Sin embargo, esta no es la única relación con las matemáticas que podemos encontrar. Durante años, grades pensadores, en su afán por dar un paso más en ampliar el conocimiento que se tiene del mundo, encontraron números que, en algunos casos, han llegado a tomar nombre propio. Es probable que a la mente de muchos venga el más famoso de estos: el número π. Aunque este número expresa la relación entre el tamaño de una circunferencia y su perímetro, el impacto que tiene esta conteste va más allá, tanto que ha sido clave en la caracterización de todo tipo de ondas, ya sea de sonido, electromagnéticas o luminosas. Es decir, el número π ha sido una de las claves más importantes en la digitalización del mundo tal y como conocemos hoy en día.

No obstante, el número π no es la única constante que podemos encontrar en la naturaleza. Si volvemos a la secuencia de Fibonacci y hacemos el cociente entre un elemento de la sucesión y su predecesor, obtendremos lo que se conoce como razón aurea. El número áureo, representado por la letra griega φ (phi),  ha sido vinculado en numerosas ocasiones con características estéticas, llegándose a denotar como un calificativo de la belleza. Aunque esta es algo completamente subjetivo, y para gustos los colores, sí que es cierto que grandes obras de arte de diversos autores cumplen con la razón áurea. Algunas de estas obras son: “Las Meninas” de Diego Velázquez, “La Gioconda” de Leonardo da Vinci (o más conocida como “La Mona Lisa”), “Blanco y Negro” de Cartier-Bresson o “El Hombre de Vitruvio” también de Leonardo Da Vinci. Con todo, las obras de artes no son el único ámbito en el que la razón aurea parece estar implícito. Pitágoras descubrió que el tono de las notas musicales era proporcional a la longitud de la cuerda que vibraba para producir la nota. Esta proporción también está relacionada con el número áureo y bajo esta teoría está el funcionamiento de todos los instrumentos de cuerda, donde se consiguen distintos tonos acortando o alargando la longitud de onda que se deja vibrar.

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Podría seguir hablando de cómo todo el universo parece estar regido por una red universal que son las matemáticas, una ciencia alarmantemente precisa que parece prometer sacar a la luz todo lo que antaño parecía imposible poder comprender. Podría hablar de cómo Euler llegó a descubrir el número “e”, o el increíble caso de los números primos, sin embargo con lo ya dicho hasta el momento, la idea se ha transmitido y las cartas se han puesto sobre la mesa. Si bien es cierto que cada descubrimiento matemático parece dar un paso más hacia el conocimiento de las  grandes incógnitas del universo, parece ser que, por muy grande que sea el paso que se dé, o por muy importante que sea el hallazgo, no será más que un ínfimo avance en un universo infinito, donde en lugar de resolverse preguntas, surgen cada vez más dudas.